Por: Kevin Manuel Rodríguez Villa
Se fue al mar, mi Capitán Tun Tun,
con su gorra al viento y el alma en calma,
navegando entre recuerdos y estrellas,
dejando en casa un legado y sus palabras.
Llevó su barco a otros puertos lejanos,
donde no llega el dolor ni el cansancio,
pero aquí nos dejó su brújula encendida,
su mapa hecho de amor, disciplina y vida.
Fue hijo, esposo, padre y amigo,
tío sabio, abuelo eterno, bisabuelo querido.
Un hombre ancla, faro y viento,
que sostuvo nuestra unión en todo momento.
Me quedo con tu amor, capitán sereno,
con tus bromas y chistes que me mataban de risa,
con tu forma única de hacer la vida ligera
aunque la tormenta rugiera sin prisa.
Prefiero verte en mi mente bailar el resto de mi vida,
como lo hacías, sin miedo, con risa encendida.
Verte navegar entre abrazos y cuentos,
serás siempre el alma de nuestros encuentros.
No hay adiós para quien vive tan profundo,
en cada gesto, en cada acto fecundo.
Tú sigues aquí, mi capitán, mi abuelo,
en cada familia que se abraza con anhelo.
El se fue al mar… sí, a navegar a otros puertos, a Mazatlán, pero dejó en nuestras manos sus más bellos recuerdos.
Y en cada ola, en cada viento, en cada canción, late fuerte y firme tu noble corazón.
Gracias Tun Tun, por enseñarnos
que el amor es la verdadera unión.
Hoy izamos tu bandera en lo alto del alma,
con lágrimas, sí… pero también con calma.
Porque nos enseñaste a vivir con honor,
y a despedir con gratitud, no con dolor.
¡Buen viento y buena mar, abuelo! Navega tranquilo…
que aquí tu historia se vuelve infinita.
Te amo.






