La tragedia que estremeció a una familia y a toda la isla de San Andrés el pasado 11 de julio comienza a esclarecerse. El Instituto Colombiano de Medicina Legal reveló que la muerte de Viviana Canro, su hijo de 4 años, Kevin Mathías, y su pareja Tito Nelson Martínez, se produjo por intoxicación exógena con fosfina, un químico altamente tóxico utilizado en fumigaciones.
El hallazgo ocurrió en la habitación 404 del hotel Portobello, donde Orlando Canro, padre de Viviana, tocó insistentemente la puerta sin obtener respuesta. Al ingresar junto con personal de aseo, encontró los cuerpos sin vida: su hija en el suelo, desnuda y en posición que sugería que intentó levantarse para pedir auxilio; su nieto y el padre del niño, tendidos en la cama.
Inicialmente, la Policía descartó señales de violencia o intervención de terceros. Sin embargo, los familiares recordaron que desde su llegada al hotel, Viviana había manifestado incomodidad por un fuerte olor a “moho” en la habitación, además de deficiencias en limpieza y servicios. Incluso pidió un cambio de cuarto, pero el establecimiento alegó alta ocupación.
El pequeño Kevin presentó vómitos y malestar desde el primer día, lo que en su momento se atribuyó a una posible intoxicación alimentaria, hipótesis descartada con los resultados forenses.
“Ya sabemos que no fue por envenenamiento. Fue por un químico, a razón de una fumigación”, afirmó Orlando Canro en diálogo con Séptimo Día. La familia ahora exige a las autoridades determinar cómo la fosfina llegó a la habitación y establecer responsabilidades.
El dictamen de Medicina Legal constituye un avance clave en la investigación, que busca definir si hubo negligencia del hotel o fallas en los protocolos de control sanitario. Mientras tanto, la comunidad de San Andrés y los allegados de las víctimas piden justicia y garantías para que hechos como este no vuelvan a repetirse.